Jaime Avilés
Octavio Rodríguez Araujo, en su artículo más reciente (“Cerrar filas con
AMLO”, La Jornada, 17/11/11)
contó que Jesús Zambrano, presidente del PRD, dijo a una estación de radio el
pasado martes 15 en la mañana: “Hay una suerte de empate entre Marcelo Ebrard y
Andrés Manuel López Obrador en las encuestas que se realizaron para definir al
candidato de las izquierdas”. Minutos después, los resultados de los estudios
hechos por Covarrubias y Nodo lo pusieron en ridículo: no sólo no hubo ningún
empate, sino que la victoria del tabasqueño fue contundente.
Zambrano, sin embargo, traía plan con maña. El
domingo 13, a las 18:08, mientras recibían las primeras noticias de su derrota
en Michoacán, los chuchos, desde
la cuenta de correo electrónico deldiainformacion4@gmail.com,
enviaron la siguiente carta a sus jefes de plaza en todo el país.
“A los compañeras y compañeros del Partido de
la Revolución Democrática: los equipos de ambos aspirantes a la candidatura
presidencial del PRD han filtrado y celebrado el triunfo de sus respectivos
candidatos en las encuestas levantadas el pasado fin de semana. Por su parte,
los medios de comunicación han transmitido información ambigua y vaga, que nos
lleva a pensar que los resultados de dichos instrumentos no dan un claro
ganador. (...) Por ejemplo, Consulta Mitofski refería un amplio margen de
ventaja en la pregunta a población abierta a favor de AMLO, mientras Gaussc e
Ipsos señalaban que Ebrard ganaba por más de 10 puntos porcentuales.
“La información que hemos visto resulta
confusa, tanto en las preguntas como en los resultados. Es decir, la
metodología (fechas, preguntas, ponderación e interpretación) desinforma y
genera suspicacias. Compañeros, solicitemos a los precandidatos que sometan a
la opinión pública los resultados, la metodología y las respuestas a sus
encuestas.
“Los resultados de ambas encuestas deben ser
revisados por personas con conocimiento en el tema, para determinar qué
candidato es el mejor para el PRD. (...) No nos apresuremos a determinar
nuestro candidato mediante encuestas empatadas. AMLO y sus voceros han
utilizado la práctica de la mentira para hacernos creer que él ganó la encuesta.
Si como todo indica, los resultados no son concluyentes, en la democracia un
empate debe resolverse con mecanismos que no dejen duda.” (Desfiladero
pregunta: ¿con un chuchinero?) Y
termina la carta con estridentes y desesperadas mayúsculas: “MARCELO NO CEDAS
AL CHANTAJE”.
La mañana del pasado martes, cuando López
Obrador felicitó a Ebrard por admitir que las encuestas no lo habían
favorecido, lo comparó con el Ulises de La Odisea, quien “se tapó los oídos con cera, para no
escuchar el canto de las sirenas”. Hoy, después de leer la carta arriba citada,
ya sabemos qué “sirenas” le cantaron a Marcelo, y qué tipo de ruido quisieron
meterle. Pero lo que tal vez no todo el mundo conoce es el significado profundo
de la metáfora que usó Andrés Manuel. Según el relato de Homero, aquellos
marinos que sí se dejaron seducir por las míticas mujeres con cola de pescado
se echaron al mar en pos de ellas, sedientos de besos y hambrientos de abrazos,
y fueron devorados como sardinas.
En su intervención, Ebrard también tuvo palabras
para las sirenas. Les dijo que pudo “pedir una elección interna para inicios de
diciembre”, pero que no lo hizo por el bien de la unidad. Y Camacho, a su vez,
dijo: “Nadie conoce la ciudad de México mejor que él (Ebrard) y nadie puede
disputarle ese liderazgo”. En otras palabras, los cantos, que Zambrano entonó
por radio el martes, presionando a Marcelo para que no suscribiera el pacto con
AMLO, lograron su propósito: los camachuchos controlarán la sucesión en el Distrito Federal,
y disfrutarán de ese botín los próximos seis años, gane la Presidencia de la
República quien sea.
Muy bien, pero... ¿qué opina la gente de a pie
al respecto? Ebrard, como agudamente analizó Julio Hernández en su Astillero
del miércoles, es el gran vencedor. No buscará un escaño en el Senado, se
quedará en el Zócalo hasta el 4 de diciembre de 2012, y podrá entrar como
secretario de Estado al gabinete de López Obrador, o de quien sea el futuro
presidente, gracias a sus acuerdos en materia de “gobiernos de coalición” con
el PRI y con el PAN.
Al margen de los aplausos que esta brillante
jugada política le deparó a Ebrard, y más allá del júbilo popular que en todo
el país detonó el anuncio de que AMLO será el candidato presidencial de la
izquierda, diversos círculos de estudio del Movimiento Regeneración Nacional
(Morena) se reunieron a lo largo de esta semana para analizar las posibles
consecuencias que podría tener este pacto en la ciudad de México.
Si Ebrard perdió la encuesta, razonaron, fue
porque su gestión al frente del GDF dista de ser exitosa. La pesadillesca
proliferación de obras públicas en todas partes y todo el tiempo convirtió a la
capital del país en una especie de ciudad bombardeada. El “factor sorpresa”,
que a diario arruina los planes de automovilistas, debido al cierre arbitrario
e intempestivo de calles y avenidas sin advertencia previa, lo cual desquicia
el tráfico. La privatización de espacios públicos, para beneficio único de
empresas extranjeras y magnates locales.
El autoritario boicot a programas sociales, como
el del presupuesto participativo, que fue estrangulado porque el GDF primero
redujo y después congeló los recursos para llevarlo a cabo; la corrupción que
toleró en las delegaciones, a cambio de apoyo político y logístico para sus
megaproyectos neoliberales; el uso discrecional de la procuraduría capitalina
para no proceder en contra de la rectora de la UACM por la retención ilegal de
las cuotas sindicales, ni por la violencia ejercida contra profesores y
alumnos; la complacencia con los empresarios que levantaron gasolineras por
doquier con permisos obtenidos ilícitamente; la falta de responsabilidad de las
instancias de gobierno que hace más de dos años no pasan revista a los
microbuses, y que al suspender el programa de sustitución de vehículos que son
ya chatarra, ponen en peligro la vida de miles y miles de usuarios...
Debido a todo esto y más, pero mucho, mucho
más, la victoria de la izquierda en la ciudad de México está en riesgo, y
podría reducir catastróficamente el número de votos a favor de AMLO, si la
sucesión en el GDF queda a cargo de las sirenas del PRD, las cuales, además,
ven y tratan a Andrés Manuel no como adversario sino como enemigo, según consta
en la carta.
A
partir de estos criterios, distintos organismos de base de Morena en la capital
del país convocarán a una asamblea ciudadana para lograr cuatro demandas: 1)
exigir reglas de juego claras para la sucesión en el DF (la falta de éstas sólo
conduciría a un dedazo inaceptable);
2) definir por consenso una plataforma de objetivos estratégicos: por ejemplo,
que en uso de sus atribuciones legales, el GDF cree por decreto una compañía de
luz para la ciudad; que rescate a la UACM del grupúsculo que la está
destruyendo, puesto que esa casa de estudios es uno de los proyectos más
“amorosos” concebidos por AMLO, o que abra un banco de fomento para
microinversionistas capitalinos, entre otros sueños; 3) invitar a los
aspirantes a suceder a Ebrard a suscribir esa plataforma y comprometerse a
hacerla realidad, y 4) promover debates entre los precandidatos para confrontar
sus ideas y propuestas. ¿Cuándo se celebrará la asamblea? ¿Dónde? Esas dos
preguntas obtendrán respuesta, quizá, en los próximos días.
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