La
situación del mundo y del país muestran claras tendencias a
agravarse. A la crisis financiera y económica que pesa sobre la
inmensa mayoría de la humanidad, se añade la grave crisis ecológica
que amenaza a toda la humanidad. Se trata de algo más que la crisis
del modelo neoliberal que el capitalismo corporativo impuso tras el
golpe de Pinochet en Chile y con los gobiernos conservadores de la
Thatcher en Inglaterra y de Reagan en Estados Unidos.
En
México la crisis se ha venido preparando desde que las políticas
monetaristas empezaron a aplicarse en los años sesenta dando lugar
al movimiento de los médicos, y al de los estudiantes y del pueblo
en 1968, así como a la insurgencia obrera de los setentas y a
numerosos intentos nacionales de resistencia a los procesos de
restauración del capitalismo asociado y dependiente.
La
crisis se fue preparando con medidas cada vez más contrarias al
interés nacional, a los trabajadores, a los campesinos y los
ciudadanos. Desde los años setenta hasta hoy, el endeudamiento
externo creció sin precedente. En los años ochenta se volvieron a
privatizar los bancos que eran fuente de altas tasas de utilidades y
de inmensos ingresos para la nación. Desde entonces se empezaron a
aplicar cada vez más las medidas neoliberales y neoconservadoras que
favorecen al capital corporativo en detrimento de la nación. En
forma sucesiva se reformó la Constitución para acelerar el proceso
de contra-rreforma agraria. Se acentuó el desmantelamiento del
Instituto Mexicano del Petróleo y, cada vez más, el de la industria
petrolera y sus derivados. Se descuidó y obstruyó la construcción
de las infraestructuras para el desarrollo agrícola y la soberanía
alimentaria. Se orientó el uso de los préstamos extranjeros a la
compra de alimentos chatarra y de armas y municiones, resolviendo los
problemas de sobreproducción de los prestamistas y estableciendo con
ellos convenios en que quedaba a su arbitrio la fijación de las
tasas de interés. Esas medidas y numerosos tratados o acuerdos como
el ALCA, el Plan Mérida y sus derivados constituyeron a la vez
fuertes sangrías para el pueblo mexicano y sus trabajadores y dieron
pie a varios procesos simultáneos: la depauperación de la inmensa
mayoría de la población mexicana; la baja de salarios directos e
indirectos; el peso principal de la carga fiscal en la población de
menores ingresos, la reorientación del presupuesto de egresos en
favor del capital corporativo y sus asociados; la disminución y
deterioro de los empleos y de los servicios médicos, educativos, de
salud pública, y de construcción de viviendas.
La
privatización creciente de las actividades públicas –como el
petróleo, la electricidad, y ahora las prisiones– y su
metamorfosis en actividades lucrativas se combinó con el uso
creciente de la represión y la corrupción, y con el control de la
población, de los trabajadores, de los desempleados, de los jóvenes
y sus movimientos legales y pacíficos con agentes abiertos y
encubiertos, así como con militares a los que se empezó a entrenar
para la lucha contra sus pueblos y a los que se dieron órdenes de
preparar a paramilitares, medidas ambas, como las anteriores, en
abierta violación al régimen legal y a la Constitución de la
República.
En
el conjunto del país se llevó a cabo un desmantelamiento
sistemático de los derechos constitucionales y de las garantías
individuales y sociales que el pueblo mexicano había logrado en una
Revolución como la de l910-17 en la que perdieron la vida más de un
millón de habitantes.
A
la depredación y empobrecimiento creciente del país en beneficio de
las corporaciones y sus asociados se añadieron crecientes ofensivas
en el orden político, cultural y educativo que acentuaron las
diferencias entre el país real y el país formal; que criminalizaron
las críticas y oposiciones de los de abajo, que acentuaron la
política de discriminación y depredación de las comunidades
indígenas y no indígenas de campesinos pobres; que asesinaron a
miles de trabajadores expulsados de sus tierras y de sus trabajos, y
que buscaban desde México, y desde los hermanos países de
Centroamérica cruzar el inmenso muro que separa a las poblaciones de
México y Estados Unidos para ver si allá encontraban el trabajo que
en sus países habían perdido con sus tierras y sus casas.
La
ofensiva también se dio contra los sindicatos industriales,
agrícolas y de servicios, y afectó en especial a la gente más
joven que no tiene ni casa, ni empleo, ni universidad, ni escuela, y
con un múltiple daño silencioso a la población de ancianos que
perdieron sus seguros de vida y ahorros para el retiro, pues de sus
montos se encargaron las empresas financieras especulativas. En
cuanto a la población de edad intermedia, a la violación de facto
de sus derechos laborales y sociales, se añadió una presión
constante y creciente por acabar con esos derechos tanto en la
Constitución de la República como en las leyes que derivan de ella.
Una campaña realizada a través de todos los medios no sólo tendió
a culpabilizar de los daños a las víctimas –fueran obreros,
campesinos, indígenas, mujeres, jóvenes y viejos– sino que los
sometió a imágenes televisivas e impresas que tienen como objetivo
el que pierdan la autoestima, el que olviden los hechos heroicos de
los pueblos originarios y de los movimientos de Independencia, de
Reforma y Revolución. Para eso no sólo se reformaron los libros de
texto –borrando nuestra historia prehispánica y a los héroes del
pueblo– sino que se privilegiaron en diarios, semanarios, y
programas de radio y televisión las fiestas, amabilidades, bondades
y sonrisas de los mexicanos bien, mientras el pueblo aparecía y
desaparecía como un conjunto de débiles mentales y de payasos,
cuyas necedades y torpezas mueven a risa y justifican ante ellos
mismos su lamentable condición y fundada pérdida de la autoestima.
La
múltiple ofensiva se enriqueció con una guerra virtual contra el
narcotráfico que ya cobró más de 50 mil víctimas, mientras siguen
fluyendo los miles de millones de dólares sin que se descubra a sus
beneficiarios. Entre los objetivos de la narcoguerra destaca la
pérdida de sentido de la lucha y de la vida entre numerosos jóvenes
que son reclutados por las buenas o por las malas y que se embarcan
en batallas por pequeños territorios que defienden o hacen suyo,
como en los videojuegos de Los pollos y muchos más en que se dan
divertidas y crueles luchas por diminutos espacios, juegos que se
combinan con la creciente intervención de las agencias
estadunidenses en el auxilio al gobierno mexicano y en las funciones
que este debería desempeñar, controlando el blanqueo de dinero y el
contrabando de armas, tareas que sin duda le sería más fácil
controlar si no hubiera entregado, con los servicios de inteligencia,
los bancos y las aduanas.
Termino
este recuento incompleto señalando cómo se ha fomentado la ruptura
de los lazos familiares y sociales, el individualismo en la sociedad
y el oportunismo en la política, así como alentando el ideal
neoconservador de el fin de las ideologías, que vacía de contenido
a la democracia electoral y política de sus objetivos centrales de
propuesta y lucha por políticas sociales y nacionales alternativas,
reduciéndola a una triste contienda entre los miembros de cada
partido por ser nombrados a puestos de elección popular por partidos
que obedecen a la lógica de lo menos malo en condiciones cada vez
peores para el pueblo, los trabajadores de la nación. Todas estas
circunstancias y otras más le plantean a los trabajadores, a los
pueblos y a los ciudadanos de México y el mundo la necesidad de
reformular sus luchas y de restructurar sus organizaciones para
fortalecer su capacidad defensiva y para aumentar su innegable
capacidad de construir otro mundo posible menos autodestructivo,
menos opresivo e injusto, tarea para la que existen todas las
posibilidades humanas y naturales de triunfar, y para la que la
humanidad cuenta con todos los conocimientos, experiencias y técnicas
que permiten lograr ese objetivo.
Al
plantear los caminos de solución, en las condiciones que vivimos,
necesitamos respetar a los integrantes de la central en su pleno
derecho a participar o no en la política de los partidos como
sindicatos o como ciudadanos. Al mismo tiempo la central buscará
como objetivo la unidad de los trabajadores, los pueblos y los
ciudadanos con plena independencia de los partidos. La unidad en la
diversidad de los trabajadores se propondrá impedir que las luchas
de partidos o las diferencias religiosas, culturales, regionales o
raciales dividan a los trabajadores de la central y disminuyan su
capacidad de constituir un centro de organización de la clase obrera
unida con los movimientos sociales en lucha contra el capitalismo
corporativo y contra el modelo neoliberal, y por una civilización en
que la barbarie del capitalismo sea sustituida por una democracia de
veras en la que pueblos y trabajadores, como comunidades y como
ciudadanos, participen en la toma de decisiones para la creación de
otro mundo posible y necesario en que el vivir bien de unos no
dependa del vivir mal de otros y en que con la justicia social se
alcance la libertad.
Lograr
esos objetivos implica luchar por otros más cuya práctica es
inminente y entre los que se encuentran:
1. Rescatar las grandes luchas de los pueblos y los trabajadores mexicanos y en especial de los discriminados, excluidos y desregulados de nuestro país y del mundo,
2. Defender las garantías y derechos constitucionales y tomar la Constitución de 1917 sin las reformas neoliberales como base para las nuevas luchas revolucionarias, como siempre ha ocurrido en la historia de México.
3. Exigir e imponer en las demandas inmediatas la aplicación de la Ley Federal del Trabajo y del contrato colectivo y otras normas más que el actual gobierno está sistemáticamente violando o pretende que desaparezcan.
4. Luchar por la soberanía nacional y por la organización de los mexicanos para que ejerzan el supremo derecho que reside en ellos, cada vez más atacado por los entreguistas de viejo y nuevo cuño
5. Luchar contra la criminalización de los movimientos sociales.
6. Luchar contra la cultura del individualismo y el oportunismo que se está fomentando por todos los medios y con los métodos de evaluación y exclusión que tienden a hacer pensar a la víctima que es la culpable.
7. Luchar por los derechos de los pueblos indios y para que se cumplan los acuerdos de San Andrés.
8. Promover la organización y articulación de los trabajadores industriales, agrícolas y de servicios.
9. Promover la unión de los trabajadores organizados y no organizados, la unión de los trabajadores manuales e intelectuales, la unión de los trabajadores de los sectores medios y los excluidos, los desregulados o los discriminados.
10. Promover con ellos grupos y colectivos de enlace que construyan el tejido social de las comunicaciones, las informaciones, los intercambios y las organizaciones presenciales y a distancia,
11. Incrementar los periódicos y publicaciones no sólo impresos sino los que utilizan los medios electrónicos como medios de organización-información-acción, diálogo-debate-consenso,
12. Promover campañas de alfabetización política para la toma de decisiones y para la práctica de las técnicas de aprender a aprender y a leer, y cambiar no sólo los textos sino el mundo, y a construir y crear textos y mundos alternativos,
13. Promover las universidades y escuelas de la Tierra y en ellas la cultura humanística, científica, artística, y el conocimiento de los oficios y profesiones que necesitan los pueblos y las zonas urbanas marginadas de trabajadores y proletarios, de desregulados y excluidos, de discriminados y despojados.
14. A este respecto, organizar los sistemas de defensa de los trabajadores, los pueblos y los ciudadanos frente a los depredadores y las mafias que están empeñados en someterlos, corromperlos, enviciarlos, esclavizarlos y en acabar con el sindicalismo democrático, con las uniones de
los campesinos, con sus medios y fuentes de trabajo y de vida.
15. Promover la articulación de los trabajadores con los estudiantes y los jóvenes en acciones conjuntas que incrementen la cultura solidaria y cooperativa y la capacidad de comunicación y acción.
16. Buscar en los programas de los sindicatos y movimientos más avanzados de México, América Latina y el mundo los puntos de coincidencia para plantear la lucha y la articulación de los colectivos desde lo local hasta lo mundial, a sabiendas de que la misma lucha, entre simpatías y diferencias de regiones y sectores es y será una lucha mundial.
17. Replantear la lucha ideológica con base en un creciente dominio del pensamiento crítico y alternativo y de la cultura del diálogo y el debate que en nuestros pueblos alcanza niveles cada vez más altos de comprensión y acción.
18. Fortalecer y hacer efectiva la lucha por la moral y la firmeza como verdaderas armas, para el triunfo frente a una política que desde Teodoro Roosevelt se propone dominar al mundo con la zanahoria y el garrote, con la corrupción y con la represión. Hablar de moral y de firmeza, de dignidad y de entereza como armas contra la corrupción que tantas víctimas y estragos hace, y que está asociada a la cultura de la represión y el terror, de la cosificación y deshumanización de los pobres de la tierra y quienes echan su suerte con ellos.
1. Rescatar las grandes luchas de los pueblos y los trabajadores mexicanos y en especial de los discriminados, excluidos y desregulados de nuestro país y del mundo,
2. Defender las garantías y derechos constitucionales y tomar la Constitución de 1917 sin las reformas neoliberales como base para las nuevas luchas revolucionarias, como siempre ha ocurrido en la historia de México.
3. Exigir e imponer en las demandas inmediatas la aplicación de la Ley Federal del Trabajo y del contrato colectivo y otras normas más que el actual gobierno está sistemáticamente violando o pretende que desaparezcan.
4. Luchar por la soberanía nacional y por la organización de los mexicanos para que ejerzan el supremo derecho que reside en ellos, cada vez más atacado por los entreguistas de viejo y nuevo cuño
5. Luchar contra la criminalización de los movimientos sociales.
6. Luchar contra la cultura del individualismo y el oportunismo que se está fomentando por todos los medios y con los métodos de evaluación y exclusión que tienden a hacer pensar a la víctima que es la culpable.
7. Luchar por los derechos de los pueblos indios y para que se cumplan los acuerdos de San Andrés.
8. Promover la organización y articulación de los trabajadores industriales, agrícolas y de servicios.
9. Promover la unión de los trabajadores organizados y no organizados, la unión de los trabajadores manuales e intelectuales, la unión de los trabajadores de los sectores medios y los excluidos, los desregulados o los discriminados.
10. Promover con ellos grupos y colectivos de enlace que construyan el tejido social de las comunicaciones, las informaciones, los intercambios y las organizaciones presenciales y a distancia,
11. Incrementar los periódicos y publicaciones no sólo impresos sino los que utilizan los medios electrónicos como medios de organización-información-acción, diálogo-debate-consenso,
12. Promover campañas de alfabetización política para la toma de decisiones y para la práctica de las técnicas de aprender a aprender y a leer, y cambiar no sólo los textos sino el mundo, y a construir y crear textos y mundos alternativos,
13. Promover las universidades y escuelas de la Tierra y en ellas la cultura humanística, científica, artística, y el conocimiento de los oficios y profesiones que necesitan los pueblos y las zonas urbanas marginadas de trabajadores y proletarios, de desregulados y excluidos, de discriminados y despojados.
14. A este respecto, organizar los sistemas de defensa de los trabajadores, los pueblos y los ciudadanos frente a los depredadores y las mafias que están empeñados en someterlos, corromperlos, enviciarlos, esclavizarlos y en acabar con el sindicalismo democrático, con las uniones de
los campesinos, con sus medios y fuentes de trabajo y de vida.
15. Promover la articulación de los trabajadores con los estudiantes y los jóvenes en acciones conjuntas que incrementen la cultura solidaria y cooperativa y la capacidad de comunicación y acción.
16. Buscar en los programas de los sindicatos y movimientos más avanzados de México, América Latina y el mundo los puntos de coincidencia para plantear la lucha y la articulación de los colectivos desde lo local hasta lo mundial, a sabiendas de que la misma lucha, entre simpatías y diferencias de regiones y sectores es y será una lucha mundial.
17. Replantear la lucha ideológica con base en un creciente dominio del pensamiento crítico y alternativo y de la cultura del diálogo y el debate que en nuestros pueblos alcanza niveles cada vez más altos de comprensión y acción.
18. Fortalecer y hacer efectiva la lucha por la moral y la firmeza como verdaderas armas, para el triunfo frente a una política que desde Teodoro Roosevelt se propone dominar al mundo con la zanahoria y el garrote, con la corrupción y con la represión. Hablar de moral y de firmeza, de dignidad y de entereza como armas contra la corrupción que tantas víctimas y estragos hace, y que está asociada a la cultura de la represión y el terror, de la cosificación y deshumanización de los pobres de la tierra y quienes echan su suerte con ellos.
Si
el capital corporativo ha colocado la pérdida de los derechos
sociales, nacionales, laborales y humanos en el campo de lo no
negociable, el frente del pueblo que se organice en torno a la
central de trabajadores, que hoy promueven sindicatos que ni se
rinden ni se venden, como el heroico Sindicato Mexicano de
Electricistas y muchos más, ese frente en gestación alcanzará, con
los trabajadores manuales e intelectuales del campo y la ciudad, de
la educación, de la salud, de la construcción y los servicios, así
como con las comunidades de los pueblos indios y no indios, con la
juventud y con los estudiantes, con los periodistas, locutores,
actores, escritores, realizadores que luchan en los espacios
tradicionales y cibernéticos, ese gran frente de todos y con todos
alcanzará la victoria de un socialismo con democracia, y de una
democracia con socialismo, con justicia y con libertad.
¡Venceremos, compañeros!
Muchas Gracias
¡Venceremos, compañeros!
Muchas Gracias
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